Los exámenes de artes marciales: ¿Utilidad real, o negocio disfrazado?

 

Anécdota: Vimos a un sensei acercarse a un alumno cinturón blanco de su dojo, y sin más, le entregó un cinturón amarillo.

—¿Así, nada más? ¿Sin examen ni ceremonias? —preguntamos, incrédulos.

—¿Por qué no? —respondió el sensei—. Los exámenes son una pérdida de tiempo y dinero. Yo entreno a mis alumnos, yo sé quién domina las técnicas y quién no. No necesito traer a alguien externo que ni los conoce.

Este sensei no era ningún primerizo: era un noveno dan, con más de 50 años de experiencia nacional e internacional. 

La conversación nos dejó pensando: ¿realmente son necesarios los exámenes de cinturón en artes marciales?

¿Qué sentido tiene traer a alguien externo, de una asociación o federación, que no conoce a los estudiantes y que cobra una suma considerable por un "privilegio" de imponer el examen?

¿Quién mejor que el propio instructor para saber cuándo alguien está listo para recibir el siguiente cinturón? ¿Por qué no confiar en su criterio para evaluar a sus propios alumnos? 

¿O acaso la asociación o federación no confía en los conocimientos de sus senseis para evaluar la capacidad de sus alumnos?

¿Cuál es el riesgo? ¿Que un sensei "regale" cinturones?

¿Qué sensei serio haría esto, sabiendo que dañaría la reputación de su dojo?

Además, el traer a un examinador externo no garantiza calidad. Hemos visto a algunos aplicar exámenes sin atención, aprobando a todos mecánicamente a diestra y siniestra (tras cobrar las correspondientes cuotas, claro). El propio sensei local habría evaluado mejor, pues conocía las fortalezas y debilidades de sus alumnos.

Otro problema: los nervios. Hay alumnos brillantes que dominan todo el material en la clase regular... pero el día del examen se vuelven un manojo de nervios, y fallan.

¿Deberían quedar rezagados por eso?

Quienes defienden los exámenes argumentan: ¿Pero dónde va a quedar la tradición? ¿La ceremonia? ¿El estímulo para que el alumno aprenda? ¿La satisfacción de una meta alcanzada?

Y es comprensible.

Pero toda esa pompa y circunstancia puede mantenerse en una ceremonia de entrega formal de cinturones o certificados de rango, celebrando los logros acumulados día a día. No se necesita un examen para celebrar el avance.

Pero seamos honestos. Detrás de todos los argumentos éticos y filosóficos, las verdaderas razones para mantener los exámenes se reducen a dos: 

1. Control

...y...

2. ¡Dinero! 

Nosotros preferimos la filosofía que nos dijo otro sensei: “Tu examen debe ser desde el primer, y todos los días en que pisas el dojo”. 🙇‍♂️

(8 de julio de 2026)

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