“Es karate, no ballet”
El gran maestro Hohan Soken (1889-1982) de Okinawa, fundador del estilo de karate Matsumura Seito Shorin Ryu, aprendió karate de su tío, Nabe Matsumura (1860-1930), quien fue nieto del famoso “Bushi” Sokon Matsumura, uno de los precursores del karate actual.
Soken tuvo que emigrar a Argentina en 1924, y vivó 25 años allá. Por esto, nunca conoció la modernización del karate promovida por Anko Itosu, alumno de Sokon Matsumura.
Cuando Soken regresó a Okinawa, en 1952, todo mundo le criticó su karate, calificándolo de “crudo”.
“Mi estilo antiguo no fue aceptado inmediatamente por nadie”, recordaba Soken en una entrevista. “Pensaban que era muy antiguo y demasiado crudo. Creo que era muy duro, o quizá mis métodos de entrenamiento eran demasiado severos. Como fuera, así fue como yo lo había aprendido, y así es como yo lo enseñaba”.
Los críticos de Soken se enfocaban demasiado en la estética, por lo que perdieron de vista la aplicación de esos movimientos tan “crudos”.
Hoy, en redes sociales, vemos algo similar: miles de videos de karatekas ejecutando katas. Y los comentarios de la audiencia son:
“Terrible kata”.
“Sin técnica, sin velocidad, sin precisión”.
“Muy mal hecha”.
“¡Pero qué kata tan fea!”
Etcétera.
Esa obsesión por la estética no tiene nada que ver con el propósito original del karate o de las katas... ¿A menos que alguien quiera ser campeón de competencias estéticas? En ese caso, adelante. Pero ese es otro camino.
Las katas originales eran crudas, toscas, violentas, como el karate de Hohan Soken.
Porque los ataques reales son crudos, toscos y violentos.
El objetivo de las katas no era verse bien, sino transmitir conocimiento combativo a la siguiente generación. Eran un método de comunicación, no un espectáculo.
Para bien o para mal, con el tiempo la kata se convirtió en un objeto de admiración estética, lo que diluyó su funcionalidad.
Si queremos que el karate siga siendo un arte marcial funcional, debemos rescatar la aplicabilidad y dejar la estética en segundo plano.
Como dijo el sensei Iain Abernethy: “La estética debe seguir a la aplicabilidad, no al revés.”
Conocer las aplicaciones de una kata es solo el primer paso, lo esencial es entrenarlas, una y otra vez en escenarios realistas: con resistencia, con intención, en distintos ángulos, con velocidad, etc.
Si vemos a las katas como mapas, entonces su aplicación (“bunkai”) sería el territorio.
Y es el entrenamiento lo que convierte ese territorio en habilidad realista.
Nunca olvidamos un comentario que escuchamos de un sensei una vez:
“Es karate, no ballet”.
🙇♂️
(13 de julio de 2026)
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