¿“Si no duele no sirve”? ¿Es el sufrimiento requisito indispensable en las artes marciales? ¿O sólo es fanfarronería?
¿“Si no duele no sirve”? ¿Es el sufrimiento requisito indispensable en las artes marciales? ¿O sólo es fanfarronería?
“Dolor”, “entrega”, “sufrimiento”, “espíritu”, “sudor”, “sacrificio”, “lágrimas”… En el mundo de las artes marciales estos términos aparecen como si fueran requisitos indispensables. Existe la creencia , casi un dogma, de que si tu entrenamiento no duele, entonces no funciona. De ahí el mantra repetido por tantos instructores: “Si no duele, no sirve”.
Es cierto: la ciencia confirma que el cuerpo se fortalece cuando se expone a tensión y estrés controlado. Las microlesiones en músculos, huesos y tejidos son parte del proceso natural de adaptación. Así es como los fisicoculturistas desarrollan masa muscular o los boxeadores aumentan su potencia de golpeo.
Y también es cierto que alcanzar la maestría en cualquier disciplina humana exige constancia, esfuerzo y dedicación. Músicos, artistas, escritores, atletas… todos entrenan con una intensidad que para la mayoría parece obsesiva.
Pero hay un detalle importante: ninguno de ellos glorifica el dolor. No hablan de lágrimas ni de sufrimiento como si fueran medallas. Al contrario: disfrutan lo que hacen. Incluso los deportistas de combate —boxeadores, luchadores, kickboxers— hablan de sacrificios, sí, pero no construyen su identidad alrededor del sufrimiento.
Estas personas DISFRUTAN su actividad. Es como una adicción, pero sin dolor.
Curiosamente, los artistas marciales tradicionales parecen ser los únicos que insisten en romantizar el dolor. Quien no presume de entrenar “duro” es etiquetado como “suave”, “ineficaz” o “falto de seriedad”.
Esta mentalidad parece que surgió alrededor de los 1920s, cuando las autoridades del imperio japonés usaron las artes marciales como el judo, el aikido, el kendo y el karate, como herramientas de propaganda política y militar, de cara a la Segunda Guerra Mundial.
No querían seguidores pensantes, sino súbditos sumisos, dispuestos a sacrificarse por el emperador sin chistar.
Lamentablemente, esta mentalidad sigue prevaleciendo entre muchos artistas marciales aún en el occidente del siglo 21.
Pero vale la pena preguntarnos sin miedo:
¿De verdad las artes marciales deben doler para ser efectivas?
¿Es el sufrimiento un indicador confiable de progreso?
¿No sería más lógico entrenar mejor, en lugar de entrenar más doloroso?
El dolor puede aparecer, claro. Es parte natural del esfuerzo físico.
Pero convertirlo en brújula, en criterio de calidad o en símbolo de autenticidad marcial es un error que limita el aprendizaje, fomenta lesiones y perpetúa una cultura de pavorreal, de masculinidad tóxica.
Las artes marciales no necesitan aumentar ni glorificar el sufrimiento artificialmente. Necesitan inteligencia, contexto, propósito.
Tu capacidad no se mide por el número de tus lesiones o de tus desmayos. Entrenar para mejorar no es lo mismo que entrenar para lastimarse.
Si tu práctica depende del dolor para sentirse “real”, quizá el problema no está en tu cuerpo… sino en tu metodología.
🙇♂️
(26 de abril de 2026)
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